Breve relación de cómo terminé en Letras Hispánicas. Act. 2





Si le soy a usted sincero, no recuerdo por qué decidí estudiar Letras Hispánicas, tan solo tengo algunas memorias borrosas del proceso y una única certeza: jamás fue mi primera opción. No piense, de ninguna manera, que esto es necesariamente malo; contrariamente me ha ido muy bien y soy relativamente feliz en mi carrera; con subidas y bajadas como casi todo mundo las tiene con sus carreras propias.

     Le repito, no fue mi primera opción. La explicación la encuentro en lo mucho que cambia uno en un lapso de tres años. Cuando comencé el bachillerato tenía claro que me quería dedicar a la danza folclórica mexicana, pero mis rodillas me lo impidieron. Con el tiempo, me fui interesando en diferentes ramas de las ciencias naturales: la primera fue Química. Las reacciones químicas básicas que conseguiamos en el laboratorio a día de hoy me siguen maravillando. Por varios semestres mantuve mi interés por estudiar la Licenciatura en Químico-Farmacología. Un tiempo después me interesó la medicina y la biología debido a un excelente y querido maestro que me impartía Biología. Él era médico y me incitaba a dedicarme a la medicina o, por lo menos, al laboratorio, pues era, con total humildad lo digo, el mejor en la clase: conocía todo el material, los reactivos, entendía los procedimientos y era enteramente feliz los días de prácticas. Además, un tío mío que es médico me incitaba y decía darme su apoyo en caso de dedicarme al área de la salud, pero ese apoyo era tan solo metafísico. Un largo rato, sin embargo, soñaba con ser médico con especialidad en dermatología o en gastroenterología: sueño que con el tiempo perdió fuerza al enfrentarme a mi gusto por la filosofía.

     Me gustaba comerme la cabeza y me interesaba la filosofía del lenguaje (aunque con el tiempo sufriría con ella en la Letras). Mi decisión estaba tomada: estudiaría Filosofía y me especializaría en el lenguaje. Incluso hice mi trámite aspirando a tal carrera, pero al final, el último día para poder cambiar la aspiración, decidí basar mi decisión en mis supersticiones. Tomé mi baraja y le pregunté qué sería mejor: Letras o Filosofía. En cualquier caso, advertían las cartas, me divertiría y batallaría encontrando trabajo al graduarme; pero sería todavía más feliz estudiando Letras.

    ¿Pero en qué momento entró en mi cabeza estudiar Letras? Le dijo a usted que es un misterio, pero tengo algunas hipótesis. Tuve buenas maestras egresadas de esta licenciatura, me gustaba leer y la edición, pero hay más. Cuando era todavía un adolescente de secundaria conocí un ánime yaoi de nombre Junjou Romantica en la que había una pareja llamada egoísta donde uno de ellos, Hiroki, era maestro en Literatura y amaba con pasión y ahínco el arte de la palabra. El novio de Hiroki tenía por nombre Nowaki, que era pediatra- en retrospectiva, tal vez de ahí mi querer ser médico-. En una pelea que tuvieron, ambos terminan en la biblioteca de la universidad. Llorando Hiroki, amante de los libros, le lanza algunos ejemplares a Nowaki. No digo más sobre la escena porque es un tanto impúdica, además, su merced, puede ir a buscar el ánime en Youtube. Como sea, esa escena me dejó marcado a tal grado de escoger estudiar una licenciatura relacionada a lo libros y sus contenidos.

    No sé qué espera su merced que yo le diga respecto a mis expectativas de la carrera, si ya sabe usted que la decidí de último momento y por casi que boberías, mas está bien, trataré de contarle. Sinceramente, no iba en blanco, varias veces revisé la malla curricular, pero los nombres me eran desconocidos. Me interesaron de lleno las de literatura porque, a diferencia de la mayoría de colegas, no tuve desde mi infancia un gran acercamiento a los libros. Quería, pues, crecer mi bagaje cultural y mi acervo literario- que aún hoy es escaso-. Pero también me intrigaban las clases de lingüística, porque en el último semestre del bachillerato virtual, no olvide usted la pandemia por COVID-19, hice un trabajo sobre el signo lingüístico saussureano y me encantó. Mis aspiraciones fueron entonces acercarme a la lingüística un tanto más que a la literatura. Por otro lado, había una falsa ilusión que tenía respecto a Letras: creía que me ayudarían en mi afán de literato, pero pronto me dí cuenta de que si bien sí alentaban la creación literaria, en realidad ocurre en pocos casos.

    Todo cambia estando dentro de la carrera. Mis ilusiones de ser literato poco a poco fueron decreciendo, aún escribo, muy poco, pero lo hago cuando tengo inspiración y tiempo; empero mi gusto por la lingüística se mantuvo y creció. Ahora me siento ampliamente atraído a una maestría sobre ella. En particular me encanta la sociolingüística variacionista sobre otras ramas del estudio de la lengua como la morfosintaxis, por ejemplo. Asimismo, me siento atraído por los dolores de cabeza que me provoca la semántica y la adquisición del lenguaje que me encaminan a la docencia, un sueño que también tengo  desde niño. Sería tonto decir que no me gusta la parte literaria de la licenciatura, pero no pierdo ocasión de decir que me encanta. La lírica y la dramática me llaman un poco más la atención que la narrativa, aunque hoy día lo que más leo es del género didáctico. Me maravilla el ver que las piezas literarias no surgen por generación espontánea, sino que son, como la gente, producto de las condiciones sociales de quien las escribe. Por este motivo, me gusta mucho acercarme a los textos desde la sociocrítica más que desde el estructuralismo.

    Otra de las cosas que amo de mi carrera es la investigación literaria. Uno de mis temas de interés en este menester es la poesía mística, gracias a un querido doctor que nos enseñó sobre ella y a mi abuelita que desde que era yo un niño, me hablaba de religión. Una de las formas en las que me he acercado a la poesía mística es desde la estética de la recepción y el trabajo con el mito. Hay un poeta místico que en particular me interesa: Ernesto Cardenal, poeta sobre el que pienso hacer mi tesis para obtener el grado. Para analizarlo me aproximaré mediante la teoría de la enunciación -por si acaso usted conoce bibliografía al respecto de este autor y este tema, le ruego me la mande-. Lejos de estos temas de interés literarios, me gusta el problema de la identidad de los libros. No me refiero a los géneros, sino a las temáticas, sino a lo que hace que los textos sean considerados como literatura mexicana, LGBTIQA+, jalisciense, etc. Es, tal vez, el tema identitario más bien lo que me interesa.

Comentarios

  1. Que chistosos son los lugares en los que uno termina encontrándose la literatura
    Uno en el yaoi y el otro en el fanfic (mi caso) y, como muchxs otrxs, otras tantas formas de toparse con las letras.
    Tristemente no tengo bibliografía sobre la enunciación, pero sí me interesa mucho leer su tesis cuando la termine.
    Gracias por compartir!

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  2. Querido Oswaldo, que lindo relato, me parece que más allá de "boberías" como tu las llamas, son pequeños detalles que se quedan muy dentro de nosotros y a veces no nos damos cuenta. Aún sigo en el classroom de la materia de teoría de la enunciación, si te interesa, mándame un mensaje y te paso los archivos. Te mando un abrazo, tqm.

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  3. Hola, Oswi. Quiero decirte que tu texto me ha encantado, además de el estilo en el, por tu historia. Me ha parecido divertida la forma en la que el destino te trajo hasta aquí. Hay muchas historias de todo tipo, y conocer la tuya y compararla con otras más me hace darme cuenta de que las abuelas tienen razón: cuando te toca ni aunque te quites, y cuando no, ni aunque te pongas. Y te tocaba estar en esta carrera. Y aunque todo haya parecido casualidad y "tonterías" por las cuales terminaste aquí, creo firmemente en que no es así.

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